Soy Mel.
Y esto no era el plan.
Estudiaba otra cosa. Maquillaba a mis amigas los fines de semana porque me gustaba, sin cobrar, sin saber nada de subtonos ni de fijadores.
Un día una amiga me pidió que la maquillara para su boda. Le dije que sí sin pensarlo, y esa decisión terminó cambiándome la vida entera.


De la sala de mi casa
a esto.
- 2020
La primera novia
Dije que sí sin haber hecho ninguna. Llegué tarde, se me olvidó medio kit y aun así ella lloró de felicidad. Entendí que este trabajo no era solo técnica.
- 2021
El estudio
Dejé de maquillar en la sala de mi casa. Un espacio pequeño, con buena luz y una silla decente. Ese año dupliqué mis precios y no perdí una sola clienta.
- 2023
Las redes explotaron
Subí un video explicando por qué la base se cuartea. Llegó a un millón de reproducciones y empezaron a escribirme desde Colombia y Estados Unidos.
- 2024
La primera alumna
Tantas me preguntaban «¿cómo aprendiste?» que armé un curso. Se inscribieron nueve. Hoy llevo más de ciento cincuenta.
- 2026
Esto
Una plataforma propia, con mis cursos y mi agenda en un solo lugar. Para dejar de responder lo mismo cincuenta veces al día y poder enseñar mejor.
«Este trabajo es 40% maquillaje y 60% manejar un día muy emocional para gente que no te conoce.»
Por eso no me gusta llamarlo «servicio de belleza». Lo que hago es acompañar a alguien en un día que va a recordar toda la vida, y procurar que cuando se mire al espejo se reconozca —mejor, pero ella misma.
Y por eso enseño: porque hay muchas mujeres que quieren vivir de esto y les falta que alguien les diga la verdad completa, incluida la parte de cobrar.